Sin ánimo de transmitir ningún tipo de fanatismo, he de deciros que anoche vi cómo uno de mis "sueños musicales" se hizo realidad. Por diferentes motivos, todavía no había tenido la oportunidad de poder disfrutar de un concierto de Los Secretos, así que, aprovechando su visita a la ciudad con motivo de nuestra Feria y dentro de la gira del 30º aniversario de la banda, pude verlos al fin.
Todas mis expectativas se vieron satisfechas desde el primer acorde del primer tema. Ya conocéis mi pasión por el directo. Calidad musical a raudales, con un buen puñado de canciones que forman parte de la banda sonora de mi vida, grandes instrumentistas, muy buenos técnicos de sonido e iluminación, y un gran ambiente, incluida la mejor compañía posible, hicieron que pasara casi dos horas geniales.
Ya os hablé de ellos dos veces antes de ésta, la úlitma de ellas cuando hice una entrada
A dúo con Livy sobre el antes y el después de Enrique Urquijo. (Os dejo el enlace por si os apetece leerla, o recordarla los que la leyeron en su día
http://bauldesvan.blogspot.com/2008/12/la-muerte-de-enrique-signific.html). Es evidente, y el grupo lo hace patente en escena, la huella imborrable de este genio de la música. Hacen un repaso exhaustivo de todos sus grandes éxitos, mientras una pantalla gigante nos muestra entrañables imágenes del grupo. Y además, intercalan alguna de sus últimas composiciones.
Grabé algún vídeo, pero no lo voy a poner. No haría justicia ni al grupo ni al técnico de sonido; así que he echado mano de dos vídeos de gran calidad sonora para ilustrar esta entrada. Os puedo asegurar que suenan así de bien en vivo.
Una de sus mejores composiciones es, sin duda, "Por el boulevard de los sueños rotos", del cual Álvaro Urquijo cuenta antes de tocarla la historia sobre la autoría de la misma.
Y para terminar, me vais a permitir que repita uno de los vídeos que puse en la citada entrada anterior. El tema en cuestión es "Quiero beber hasta perder el control". En mi opinión, y en la de muchos, la mejor canción country que se ha compuesto en este país.
En fin, una deuda que tenía conmigo mismo; por lo tanto, misión cumplida.