Los
Beatles hicieron del
pop un sistema; y de su estilo, un esquema poco menos que inamovible durante años. Los grupos pop eran formaciones de cuatro o cinco elementos todo lo más, con una guitarra solista, una rítmica, un bajo, una batería, siendo uno de ellos el cantante casi siempre. Excepcionalmente, alguno de ellos presentaba algún instrumento de viento, o teclados, pero el resto se ceñía a los patrones establecidos.
Al cabo de los años, el mensaje de la música contaría con una inestimable ayuda: la técnica. Enseguida los principales músicos superaron las barreras e incorporaron nuevos elementos técnicos a las grabaciones, desarrollando un mayor potencial creativo, con más ambiciones sónicas, comprobándose entonces que la limitación instrumental era un serio handicap para llegar más allá. La técnica estaba favoreciendo la progresión del rock. Más de lo que habían logrado
Jimi Hendrix o
Eric Clapton con sus guitarras, o
Ginger Baker o
Keith Moon con sus baterías (incluso con dos bombos) no parecía que se pudiese hacer. Poco más podían evolucionar esos dos instrumentos.
Así que, la aparición del sintetizador fue toda una evolución. Un ingeniero llamado Robert Moog facilitó la conversión de equipos de sonidos, no sólo para los estudios de grabación, sino para actuaciones en vivo, a un costo relativamente bajo.
El movimiento vanguardista contaba, pues, con un respaldo más eficaz y sólido. Vanguardismo musical (por la ambición de los músicos), y vanguardismo industrial (con la aparición de nuevos instrumentos). Las infinitas posibilidades de un sintetizador se pondrían pronto de manifiesto, dando vida a una de las etapas más impresionantes de la historia de la música: la que comenzaba en 1969.