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Fallece Don Hunstein, el fotógrafo del rock

El pasado día 18 de este mes fallecía a los ochenta y ocho años, a consecuencia del Alzheimer que padecía hacía tiempo, Don Hunstein, afamado fotógrafo de artistas y de portadas de discos.


Entró a trabajar en Columbia Records en los años cincuenta, y de fotos suyas salieron portadas de discos de diferentes géneros -pop, rock, jazz, clásica- para artistas tan reconocidos como Simon & Garfunkel, Janis Joplin, Aretha Franklin, Miles Davis, Billie Holliday, Tony Bennett...


Quizás su fotografía más famosa es la que realizó para la fantástica portada de 'Freewhelin', de Bob Dylan, en la que se le ve paseando por el Greenwich Village de Nueva York en 1963 en compañía la que era por entonces su novia, Suze Rotolo.


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Factores de cambio en la segunda mitad de los 70

Pese a los éxitos, los discos de oro y las cifras de ventas que parecían indicar que no pasaba nada, la situación del rock a mitad de los años 70 era crítica.
La realidad era bastante cruda: carencia de ideas, comienzo de la nostalgia y una infraestructura económica marcada por el abismo brutal que existía entre miles de grupos sin posibilidades de grabar y competir con los gigantes, mientras estos sacaban discos con costos alucinantes.

Varios factores se dieron en esos momentos. Por un lado, dos de las más prestigiosas firmas discográficas de los 60, EMI y DECCA, se abocaban a su fin, entre otras cosas porque reflejaban la situación de un mundo cambiante en el que las viejas estructuras se derrumbaban y las nuevas tenían que surgir tarde o temprano. Estamos hablando de las compañías independientes, que contribuirían a originar el primer gran cambio en la industria del disco.

Las pequeñas compañías estrujaron su imaginación en busca de nuevas sensaciones y las ideas no faltaron. El público que sintonizaba con esta orientación se convirtió en la nueva panacea del mercado rock. Miles de jóvenes, a años luz de Eric Clapton, pongamos por ejemplo, se buscaban la vida con guitarras caseras y temas de dos o tres acordes, e impusieron su ley, en los pequeños locales donde descargaban su furia.

Por otro lado, la primera muestra de la regeneración del mercado se dio hacia 1978, momento en el que la venta de singles llegó a duplicarse. En términos económicos, supuso toda una conmoción y una salida llena de perspectivas. Pero, en términos musicales, y hasta en términos sociales, mostraba la existencia de un nuevo público, adaptado a un tiempo de crisis y decidido decantarse por una vuelta sin concesiones a los orígenes, a los 50 y los primeros 60, cuando el single, la "canción", era lo fundamental. Una reivindicación de lo básico y de lo que había funcionado las dos décadas anteriores.

A parir de 1978, sobre todo en Inglaterra, la palabra "cambio" volvió a señalar el rumbo de la evolución del rock. El público joven vio en el single no sólo una forma más barata de llegar a la mísica, sino también una vuelta a los orígenes del rock.


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'Farther along' - (Trio, 1987)

Aprovechando que últimamente hay poco movimiento en el desván -el número de visitas ha decrecido de forma considerable-, estoy reordenando la música del baúl, que ya iba tocando. por cierto. 

Y en esas estaba el otro día, revisando el apartado de "Mi colección de canciones", una de mis secciones favoritas, cuando me encontré una de esas joyas de siempre que echaba de menos desde hacía tiempo, dentro del apartado de música tradicional. Un tema cuya letra fue escrita allá por 1912 por un predicador mientras deambulaba por territorio indio al tiempo su esposa estaba a punto de dar a luz. Un promotor de música góspel le compró la letra por dos dólares, y posteriormente le puso música. El tema en cuestión lleva por título 'Farther along'.


A lo largo de la historia ha sido versionada por un montón de artistas: The Flying Burrito Brothers, The Byrds, Johnny Cash, Pete Seeger, Hank Williams, Elvis Presley, entre otros muchos. El que yo he recuperado del fondo del baúl es una versión con arreglos de John Starling para Dolly Parton, Linda Ronstadt y Emmylou Harris, y que se incluyó en el álbum Trio, del que se acaban de cumplir treinta años de su publicación, y que llegó hasta lo más alto de las listas americanas de música country, amén de un buen puñado de premios y reconocimientos -se vendieron cuatro millones de copias de él en todo el mundo-. Además, en su grabación intervinieron grandes músicos, como Albert Lee o Ry Cooder, por ejemplo, aparte de una pléyade de músicos de estudio de prestigio mundial.

Bonito broche de oro para un disco maravilloso.

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Dylan y los Beatles, influencia mutua

La escena americana comienza a cambiar en el otoño del año 1964. Todos los estilos sienten el impacto de la expansión del rock promovida por el "boom" de los Beatles y de todos los grupos ingleses y americanos que les imitan. El folk no va a ser menos.

Los Blues Project, uno de los grupos básicos de la época, graban en ese otoño su primer álbum. Bob Dylan participa en ese proyecto con uno de sus seudónimos -Bob Landy-. Todos los miembros de la banda provienen de las élites folk del Village neoyorquino, pero juntos editan un álbum rebosante de talante rockero. Aquello influye en Dylan con irremediable repercusión en su siguiente disco, surgido a partir de ideas, sonidos y emociones que difícilmente podría reproducir con su acústica y su armónica.

Además, nacen grupos que darán el giro a 1965 y devolverán a EE.UU. una supremacía creativa, especialmente por el desenvolvimiento de la cultura hippy en el 66. Estamos hablando de bandas tales como The Byrds, Paul Butterfield Blues Band (en la que estaba Mike Bloomfield, decisivo en la electrificación del bardo de Minessota a mediados del 65 y en el Highway 61 Revisited), y los Fugs, que marcan la vanguardia del psicodelismo.

En la gira americana de los Beatles en el 64, Bob Dylan se reúne con ellos por segunda vez -la primera había sido cuando estuvo en Inglaterra y los había conocido, manifestando ya entonces su admiración y respeto por los Fab Four-. Su recíproca influencia se refuerza, y se mantendrá en el tiempo. Mientras Bob se deja arrastrar por la magia del rock y de las posibilidades que le ofrece, John Lennon queda cautivado por la personalidad del judío.

La primera canción compuesta por Lennon bajo este influjo, 'I'm a loser', será el más vivo testimonio de que la música no camina sola,a impulsos de los genios rompedores, sino en base a una sólida unión cuyos conceptos van forjándose entrelazadamente como las partes de una cadena infinita.

Dylan y los Beatles, los más grandes líderes de los años 60, quedan de esta forma atrapados en el desarrollo de sus propias evoluciones. No habrá excesivos puntos de contacto en el futuro, pero el origen quedará grabado en la historia de la música rock.

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