Antes de los Beatles, la música inglesa había tenido una importancia escasa en el principal mercado discográfico mundial, Estados Unidos, y los grandes artistas británicos no significaban nada en América; y después de los Beatles, Inglaterra volvería a sumirse en un aislamiento musical.
Todo esto se pondría de manifiesto de forma clara a partir de 1971: los nuevos productos británicos, Slade, T-Rex, y algunos más, fracasarían en el mercado americano y con ello se iniciaría la mayor separación jamás existente entre los dos focos del rock a ambos lados del Atlántico, aceptándose solamente en Estados Unidos solistas, como Elton John, o grupos afines a la idea musical americana, como Pink Floyd o The Who, que además vendían mucho y tenían calidad.
Al otro lado del charco, se iniciaba la recuperación en 1966, con el movimiento hippie y la cultura de la costa oeste, y alcanzando su punto álgido en el 69 con el gran progreso de los medios de comunicación. Resumiendo, tenían mucho que ofrecer como para dejarse impactar, porque Slade o T-Rex no eran los Beatles.
De todas formas, 1971 tiene un nombre propio en Inglaterra, Rod Stewart. Grabó su tercer LP, Every picture tells a story, y un single, Maggie May, que barrieron el mundo de punta a punta.






